Astros, Campeón de Grandes Ligas

Después de tantas heroicidades, de idas y venidas, y dramas contrastantes, la Serie Mundial terminó de la forma más simple posible. Si los Astros son los campeones de la Serie Mundial se debe más a una fórmula común que a una batalla decisiva en el Séptimo Juego: aprovecharon sus oportunidades.

Las muchas horas de intensidad y anticipación se difuminaron en apenas dos entradas el miércoles por la noche cuando Houston derrotó 5-1 a unos Dodgers que salieron al terreno sin sentido de urgencia, como si estuvieran conformes con las tres victorias en este Clásico de Octubre.

Con una fuerza tremenda, los Astros cayeron encima de los envíos de Yu Darvish y no le dejaron levantar cabeza, y para el momento en que el japonés se iba sin completar siquiera dos capítulos, su equipo se encontraba en un abismo insondable. No era el hombre para el trabajo. Tal vez nunca lo será.

Falló Darvish en elevarse en el momento supremo del béisbol y falló el manager Dave Roberts al propiciar un cambio de lanzador -¿por qué no trajo más rápido a Clayton Kershaw?- que aliviara el sufrimiento de los más de 54,000 fanáticos en el parque de Chávez Ravine.

 La defensa azul, que tan bien se había comportado en los choques previos, se vino abajo con un error en tiro de Cody Bellinger y la poca previsión de jugar con el cuadro por fuera cuando vino al bate el lanzador Lance McCullers, quien remolcó al lento Brian McCann con un inofensivo rolling a segunda base.

Pero nada de esto hubiera comenzado sin el quinto cuadrangular -empató una marca histórica para estas lides- de George Springer en la Serie Mundial, sin el empuje de unos Astros que no dejaron pasar el más mínimo chance para hundir su puñal de madera.

La Serie Mundial comenzó con José Altuve y Carlos Correa en primera plana, pero terminó siendo de Springer, quien destapó su poder al convertirse en el primero que pega cuatro jonrones en partidos consecutivos de Clásico de Octubre. Elevado por encima de todos, fue el alfa y omega de este grupo de reyes.

Los Dodgers, por su parte, se automutilaron entrada tras entrada, dejando a hombres en posición anotadora, víctimas de una presión que casi podía tocarse con la mano, apartados de su guión de equipo bien fundamentado en el juego. Fueron pedestres, insignificantes cuando menos debieron serlo.

Para ellos, que anotaron una solitaria carrera en la sexta, vendrán las preguntas que explicarán el fracaso. Para Houston vendrá un desfile gigante y la noción de que esta fiesta puede durar mucho tiempo, dada la juventud y el talento de sus principales estrellas. Asusta verlos juntos a Altuve, Correa, Springer, Bregman, Gurriel, González…asusta al resto de las Grandes Ligas.

Tampoco es que los Dodgers se van a ninguna parte. Queda la sensación de que esta Serie Mundial la dejaron escapar al no atar dos potenciales victorias en los choques Segundo y Quinto. Todavía forman una banda formidable que dará guerra los próximos años.

Y así, de una manera ordinaria terminó este extraordinario Clásico de Octubre. Un anticlimax distante de todo los vivido, contenido en sus emociones, un Séptimo Juego predecible desde bien temprano que no correspondió a la altura de las expectativas del mundo del béisbol.

Pero eso que les importa a los Astros sin son los Campeones del Mundo.

Astros Campeones

Fuente:

http://www.elnuevoherald.com/deportes/beisbol/article182240896.html

http://www.elnuevoherald.com/deportes/beisbol/article182225506.html

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